6 reliquias vivas de la industria que dio esplendor a Valencia

Lonja de la seda, Valencia

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Fue tal la relevancia del comercio de la seda en Valencia durante el siglo XVII que el edificio más imponente de la ciudad, la Lonja de Mercaderes cambió su nombre y pasó a conocerse como Lonja de la Seda.

Así ha llegado hasta nuestros días para recordarnos que una vez, de los cien mil habitantes con que contaba Valencia, cuarenta mil le debían sus recursos económicos a esta fibra textil.

Pero, además de la Lonja ¿qué otros símbolos de la pujanza de la industria sedera en la ciudad han sobrevivido al paso del tiempo? Aquí tenéis algunos:

1.- Las moreras 

Cuesta imaginar el paisaje que rodea a Valencia vacío de naranjos, pero la realidad es que este árbol que consideramos tan nuestro no empezó a poblar los campos de la huerta valenciana hasta el siglo XIX.

Durante mucho tiempo, el árbol más “típico” de Valencia fue la morera. Sus hojas eran fundamentales para la cría del gusano de seda. Con el declive de esta industria fueron desapareciendo de los campos y los pocos ejemplares que quedan en plena ciudad también están en extinción.

Parece ser que sus frutos ensucian las calles y el presupuesto en limpieza se dispara, así que otras especies las están reemplazando. Algunos jardines y parques de Valencia aún lucen estos árboles, quizá a modo de recuerdo.

2.- El barrio de Velluters

Este céntrico barrio toma su nombre precisamente de los artesanos que trabajaban la seda y el vellut (el terciopelo) y que se establecieron en esta zona de la ciudad.

La cercanía de los huertos de moreras situados fuera de las murallas y la amplia red de acequias que abastecían de agua a esta parte de la ciudad, la convertían en el lugar más idóneo para trabajar la seda. Más de 4000 telares llegaron a convivir en el centro de Valencia.

Para saber más sobre los oficios medievales que aún perviven en el callejero de Valencia, pincha aquí. 

3.- El colegio de Arte Mayor de la Seda

En 1686 el antiguo gremio de velluters se convirtió en el Colegio del Arte Mayor de la Seda. El Colegio era el encargado de velar por el cumplimiento de las normas tradicionales de hiladura y torcedura.

Su sede se encontraba, ya desde 1494, en la calle Hospital y contaba con huerto propio para el cultivo de moreras. Después de una reciente y necesaria restauración tras años de olvido, el Colegio del Arte Mayor de la Seda ha vuelto a abrir sus puertas.

Allí se exponen un telar de vellut y un telar Jacquard francés que ha sido adaptado para tejer espolín.

4.- La Batifora

En la calle de Pío XI, en Patraix, se instaló a mediados del siglo XIX, la Batifora. Se trataba de una fábrica de hilatura creada por una familia de origen francés.

Al frente, Santigo Lluís Dupuy de Lomé, tomó la decisión de incorporar una caldera de vapor para mover los telares y las devanadores y que al mismo tiempo servía para hervir los capullos del gusano de seda, proceso necesario para poder extraer los hilos.

Fue la primera fábrica en toda la ciudad en usar este innovador sistema y gracias a ello fue creciendo hasta llegar a los trescientos trabajadores, mayoritariamente mujeres.

La irrupción de la plaga de la “pebrina”, en 1854, que afectaba a las moreras, dio el golpe final a una industria ya en decadencia y la Batifora no sobrevivió. Ahora, restaurada, acoge una biblioteca y un polideportivo.

5.- Las casas-obrador

El Palau Tamarit, situado en la calle Roger de Flor, es uno de los ejemplos más claros de casa o palacio-obrador, de los que todavía se encuentran callejeando por el barrio de Velluters.

Aquí puedes leer más sobre algunos de los palacios desaparecidos de Valencia. 

Los Tamarit eran una saga de empresarios de la Valencia del siglo XVIII que se enriquecieron enormemente exportando sedas. Como ocurre en su caso, era común que el mismo edificio albergara la vivienda familiar y el taller.

Para identificar este tipo de construcciones hay que fijarse en la parte de la fachada más cercana al tejado. Una hilera de pequeñas ventanas sobre la segunda planta mantenía ventilada y libre de humedad “la cambra”: el espacio abuhardillado donde se criaban los gusanos de seda, en estructuras de caña con forma de estantes y sobre un lecho de hojas de morera.

6.- La indumentaria tradicional

La relevancia que la seda tuvo en Valencia durante más de cinco siglos sigue presente en la indumentaria tradicional. Los falleros y falleras siguen vistiendo este noble tejido durante las fiestas de las Fallas.

El espolín, el tejido de seda más valioso,se fabrica todavía a mano en telares del siglo XVIII. Ese trabajo manual se reconoce en la asimetría de los motivos, en la gran cantidad de colores diferentes que pueden usarse y en el alto precio de la tela.

En los vestidos de las falleras, en las moreras que aún perviven, en las fábricas y viviendas-obrador del barrio de Velluters, en el recuperado Colegio de Arte Mayor… la seda sigue coloreando Valencia. Solo hay que querer salir a su encuentro.

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