El rincón de Valencia donde comprar el mejor pescado

Puerto de Valencia, (Foto: Biblioteta Valenciana)

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Sucede cada tarde. Casi con sigilo atraviesan el canal de la dársena del puerto*.

En un goteo discreto, los barcos de los pescadores no llegan a Valencia, regresan. Todos los días.

A los pies del edificio Veles e Vents, inadvertidos entre el lustre de los yates, entran en el puerto y buscan su lugar en el muelle de Poniente, más allá de los almacenes vacíos de la Copa América.

Cerca de donde (nos) atracaron veleros de nombres aristocráticos como el Alinghi y el Luna Rossa viven El Sueca y el Filigrana.

Cuando aquellos se fueron, estos se quedaron.

Pero son pocos los barcos que aguantan, los que hacen que el puerto de Valencia siga admitiendo el calificativo de pesquero, además de otros más habituales como “industrial”, “líder en tráfico de contenedores”, “deportivo”, “de cruceros”.

El puerto pesquero es casi un grano de arena –poco más de 200 metros de los más de 10.000 metros de línea de atraque del Puerto de Valencia- dentro del entramado de muelles y terminales pobladas por grúas y mercancías.

Rituales cotidianos

Y en ese rincón sobreviven los rituales de la pesca: la descarga del pescado, la limpieza del barco, el descanso de los marineros en la cubierta después de un día de trabajo, la reparación minuciosa de las redes…

Una rutina milenaria que hermana a Valencia con cientos de poblaciones de las orillas del Mediterráneo, desde megalópolis turcas hasta aldeas tunecinas, y que cada vez hay que esforzarse más para poder encontrarla. Vale la pena hacerlo.

El regateo a grito limpio en la lonja convierte el muelle por momentos en un mercado ajetreado.

Los ojos del pescado brillan tanto que las pescadillas, los pulpos y las caballas parecen entender el idioma de los pescadores y de quienes pujan por llevárselas.

Las mejores piezas tendrán seguramente otros dueños en la lonja, pero la morralla –tan buena amiga de las sopas y los arroces- se puede comprar a buen precio directamente en el muelle.

Después de hacerlo la primera vez, el pescado de todas las pescaderías nos parecerá triste y viejo.

*Puerto de Valencia en 1943. Foto: Biblioteca Valenciana, autor anónimo.

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