"No aparcar en doble fila" y otras prohibiciones que en Valencia nos saltamos sin remordimientos

Valencia, Calle Concordia

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No hay tópico más injusto que el que describe a los valencianos –así, en su totalidad, de un brochazo y sin espacio para los matices- como portadores del ADN de la ilegalidad.

Según ese estereotipo –injusto, muy injusto-, los valencianos son seres hedonistas, débiles de voluntad, propensos a saltarse las normas y cuya única redención la encuentran en la fiesta loca.

Aseguran –a saber con qué intereses inconfesables- que no hay vacuna ni cura para esta enfermedad porque su causa es genética, no vírica.

Pero quienes propagan esa imagen dañina de este pueblo honrado, haciéndolo responsable de los males que le aquejan, sólo dejan en evidencia su mala intención y su desconocimiento total del complicado entorno en que vivimos los valencianos.

No entienden que somos víctimas de nuestras circunstancias. Hay muchas decisiones que bordean la legalidad que uno no quiere tomar, pero no tiene más remedio que hacerlo. Y eso, en Valencia, no pasa sólo una vez en la vida, sino varias veces al día.

Conducir en Valencia no es fácil…

Aparcar en doble fila es quizá el más evidente de esos dilemas cotidianos. Nos dicen: “Qué mal aparcan los valencianos”. No entienden que lo intolerable no es el lugar donde aparcas, sino dejar el freno de mano puesto.

Acelerar cuando el semáforo se pone en ámbar es otro de esos actos horribles. Nos reprochan: “Conducen como locos”. No saben que tenemos prisa por encontrar aparcamiento sin pagar a un gorrilla en zona azul.

Más allá de la reinterpretación libre del código de conducción, la misma lógica se reproduce en ámbitos como el del ocio, el económico, el festivo, el político y el de la locomoción.

Todo valenciano se enfrenta a decisiones difíciles: recoger o no la caca de su perro cuando nadie le mira, recurrir o no a tu “primo el de la Conselleria” para acelerar un trámite, superar los decibelios permitidos, bien sea tirando un petardo prohibido, con unos altavoces guapos para el coche o trucando la moto para anunciar tu paso por las calles.

La millor terreta del món puede llegar a ser un entorno hostil donde el valenciano honesto se encuentra a diario con estímulos que le invitan a ir por el mal camino.

¿Estamos nosotros aconsejando tomar esa ruta? Jamás. Esto es una recomendación y un reto para valientes: sé fuerte, resiste a las tentaciones y llegarás a ser un valenciano recto.

Para ser, simplemente, un valenciano, lo mejor es aprender cuándo, dónde y cómo no está tan mal caminar al borde de la ley.

Si se hace sin echar mano a las arcas públicas, puede llegar a ser divertido.

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