Por qué Valencia derribó sus conventos y la insólita historia de la iglesia que se movió piedra a piedra

Plaza del Ayuntamiento de Valencia

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¿Qué había en el espacio que ahora ocupa el Ayuntamiento antes de que fuera Ayuntamiento? Un convento. ¿Y en el Corte Inglés de Pintor Sorolla? Un convento. ¿Y en el Teatro Olympia? Un convento ¿Y para abrir la calle La Paz, además de numerosas casas, qué se derribó? Un convento, no. Fueron dos.

La ciudad de Valencia llegó a tener en el siglo XVII hasta 49 conventos, una cifra que la elevaba directamente al top de la espiritualidad.

Pero, ¿qué queda de aquella Valencia conventual? Poco, muy poco.

Los conventos y la vida religiosa fueron pasando de moda, y durante muchos siglos, el patrimonio artístico tuvo un valor escaso. Un convento vacío, un claustro, eran sólo terreno perdido o el espacio ideal para construir nuevos edificios, nuevas industrias. Con las desamortizaciones del 1800 se exclaustraron conventos y monasterios. Algunos de ellos pasaron a convertirse en cuarteles, cárceles, museos u oficinas estatales, como el convento de Nuestra Señora del Carmen, en el arrabal de Roteros o el de Santo Domingo, ambos fundados bajo el reinado de Jaume I tras la conquista de Valencia en 1238.

Otros se subastaron y algunos comerciantes, sobre todo aquellos que se estaban enriqueciendo gracias a la pujante industria de la seda, se los quedaron para abrir en sus terrenos nuevas industrias fabriles o para parcelarlos y construir viviendas. Fue lo que le ocurrió al convento de la Merced, situado en la plaza que ahora lleva su nombre, o al de La Puridad, que ocupaba las calles Moro Zeid, Conquesta y Rei En Jaume.

En el 1900 llegaría la necesidad de ampliar una ciudad demasiado congestionada, abriendo nuevas calles y trasladando el centro institucional de Valencia. Para crear la calle La Paz se derribaron los conventos de San Cristóbal y Santa Tecla; la Gran Vía se llevaría por delante otros dos conventos; el Ayuntamiento se edificó en los terrenos del antiguo Convento de San Francisco y el Convento de San Gregorio para mujeres arrepentidas se derribó para construir nuevas viviendas y un teatro, el Olympia.

Mucho más tarde, en 1968, otro convento situado en la Calle Pintor Sorolla cayó para construir en su lugar un centro comercial, El Corte Inglés. Aunque entonces la sensibilidad de la sociedad sobre el patrimonio artístico de su ciudad había cambiado y ante las numerosas protestas por este nuevo derribo, se consiguió salvar la iglesia del convento, dedicada a Santa Catalina de Siena. Para verla habrá que ir al barrio de Orriols, hasta allí se trasladó piedra a piedra.

LOS CONVENTOS QUE NOS QUEDAN

De aquellos centros neurálgicos de gran influencia en la vida social de la ciudad, quedan por suerte algunos ejemplos. Dos de ellos nos trasladan al esplendor de la Valencia de los conventos.

El Real Monasterio de la Trinidad fue fundado en 1444 por la esposa de Alfonso el Magnánimo, la reina María de Castilla, cuyo sepulcro podemos ver en el claustro gótico. También está enterrada aquí María de Aragón, hija del rey Fernando el Católico.

Este convento se convirtió en un importante foco cultural y religioso de la ciudad. Sor Isabel de Villena fue la principal abadesa del convento y aquí escribió su famosa obra Vita Christi. El poeta Jaume Roig también estuvo aquí, ejerciendo su profesión de médico.

El otro es el convento de Santo Domingo (actual sede de Capitanía General). Fue fundado por orden de Jaume I y por su claustro pasearon San Vicente Ferrer y San Luis Beltrán. De entre todo el conjunto, destaca la llamada Capilla de los Reyes. Ésta había de ser la capilla funeraria de Alfonso V el Magnánimo y María de Castilla, aunque el espléndido sepulcro en mármol que encontramos allí en realidad acoge a los marqueses de Zenete.

Su arquitecto, Francesc Baldomar, eligió un tipo de piedra negra, para recrear la oscuridad de una tumba y construyó una bóveda estrellada sin contrafuertes para simular el manto sepulcral. Todo un prodigio de imaginación y de técnica que afortunadamente no corrió la misma suerte que la mayoría de aquellos 49 conventos valencianos.

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