La Valencia de la República: el año en que la ciudad se llenó de espías y ministros

Banderas republicanas en el Ayuntamiento de Valencia

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Desde nuestra placidez mediterránea, Valencia casi siempre ha estado ajena –quizá demasiado- a la centralidad política y a la capitalidad cultural.

Esta tranquilidad periférica tuvo una pausa durante 11 meses en plena Guerra Civil, cuando el gobierno republicano decidió mudar su sede de Madrid a Valencia, más alejada del frente.

Durante casi un año, la ciudad se llenó de políticos, burócratas, diplomáticos y espías.

A cambio, se convirtió fugazmente en un lugar cosmopolita donde artistas e intelectuales llenaban los bares y los cafés.

El objetivo de este movimiento político fue “organizar desde aquí la victoria definitiva”, de acuerdo con El Mercantil Valenciano en su edición del 8 de noviembre de 1936, un día después del traslado del gobierno a Valencia.

Si uno tuviera la ocasión regresar en el tiempo y recorrer la ciudad de aquellos días, de poco le serviría llevar consigo un callejero con los nombres actuales*.

Los nombres de la República

Donde hoy está la avenida del Puerto, por ejemplo, encontraría la avenida Lenin. Y en el lugar de la gran vía Marqués del Turia, hallaría la gran vía Buenaventura Durruti, en honor al famoso anarquista.

La calle Comedias sería la de Máximo Gorki y la calle de los Ángeles, la de los Iconoclastas. Este es uno de nuestros nombres favoritos.

Poco queda en la Valencia actual de aquellos nombres y el rastro de los ministerios y sedes gubernamentales en los edificios que los alojaron es escaso o nulo.

Quizá por eso es aún más entretenido buscarlos y visitarlos.

Un buen lugar para empezar es el palacio de Benicarló, que albergó la presidencia de la república, y en el que actualmente se encuentran las Corts Valencianes.

Muy cerca, en la calle Samaniego, en el palacio del Barón de Llaurí, se ubicó el Ministerio de la Gobernación.

Y un poco más allá, en el palacio de Trénor de la Calle Caballeros, llamada Metalurgia en la época, se instaló el Ministerio de Justicia.

El de Comunicaciones ocupó el edificio de Correos de la plaza del Ayuntamiento y en la avenida Marqués de Sotelo, el palacio de la Caja de Previsión Social alojó al Ministerio de Trabajo.

También hubo cafés literarios frecuentados por los principales intelectuales de la época, sedes de embajadas, residencias de políticos y diplomáticos y los tesoros artísticos del Museo del Prado encontraron un refugio seguro en el Colegio del Patriarca y las Torres de Serranos.

Caminar y buscar estos lugares de la memoria es una de las mejores formas de recordar aquella Valencia transformada y en guerra. Una ciudad para la que ser capital supuso un sacrificio.

Como dijo el presidente de la república, Manuel Azaña, en un discurso pronunciado en el Ayuntamiento de Valencia el 21 de enero de 1937: “Valencia, en la paz, era una joya de la República española, y en la guerra ha sabido cumplir con creces su obligación”.

*La principal fuente que hemos usado para escribir esta entrada del blog es la web de la Universitat de València,  Valencia y la República, guía urbana 1931-39, una buena guía para imaginar cómo fueron aquellos meses.

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