La Valencia árabe: esto es lo que queda de un pasado borrado

Valencia, Portal de la Valldigna

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La historia de un lugar se conoce por los vestigios dejados por quienes la ocuparon y vivieron en ella. También por las ausencias, por lo que fue borrado, quizá de forma deliberada.

Y la Valencia que vemos –románica, gótica, renacentista y barroca- aplicó de forma concienzuda la doctrina del borrón y cuenta nueva con los más de 500 años de presencia musulmana.

La herencia islámica es visible en Sevilla, Córdoba, Toledo, Granada, Zaragoza… En Valencia no. Como si los siglos se hubieran esforzado en eliminarla. Quizá la fundación de un nuevo Reino en 1238 sobre territorio conquistado influyó en la necesidad de dejar atrás lo que ya había.

El paseante que busque en la Valencia de hoy un reflejo de aquella ciudad árabe tendrá que esforzarse.

Un paseo por la muralla

Si lo que espera encontrar son restos físicos, el mejor recorrido es el que seguía la antigua muralla árabe.

Si tomamos como punto de inicio la plaza de los Fueros, muy cerca de las actuales –y cristianas- Torres de Serranos, esta fortificación trazaba una especie de elipsis que continuaba por la calle Conde de Trénor, se adentraba en la Xerea a la altura de la actual iglesia del Temple, cruzaba las calles del Mar y la Paz y giraba aproximadamente siguiendo la calle Sorolla y las Barcas hasta casi la plaza del Ayuntamiento.

A partir de ahí llegaba hasta la plaza del Tossal, desde donde proseguía por el Carmen hasta cerrar el círculo.

En su momento de máximo esplendor tuvo siete puertas, de las que no se conserva ninguna. Para recorrer sus restos mejor conservados, volvemos a la citada plaza de los Fueros, donde se ubicaba la vieja Bab al Qantara o puerta del puente.

El primer vestigio lo hallamos en un horno de la calle Roteros, una pared integrada en el resto del edificio. Más adelante, detrás de la plaza del Ángel, rodeada por un solar y utilizada como parte de una vivienda, se encuentra una torre semicircular. Y unos metros después, también entre viviendas, desde la calla d’En Borràs, vemos otra de las torres. Parte de su estructura es de ladrillo moderno y la parte de arriba es utilizada como terraza por un particular.

En la plaza del Tossal, en el subsuelo, sobreviven 20 metros de muralla y una torre que pueden ser visitadas. Y en el Colegio Mayor Rector Pesset, en la sala de exposiciones de la Muralla, se conserva otro lienzo.

También se puede intuir el trazado de estos muros al cruzar el Portal de la Valldigna, abierto en ellos en 1400, ya en época cristiana.

Los otros restos

Y poco más queda de los casi tres kilómetros que llegó a alcanzar esta edificación defensiva. Nada tampoco del alcázar o palacio real, de la mezquita…

Existen uno baños árabes, los baños del Almirante, que, aunque merecen sin duda una visita, fueron construidos en el siglo XIV por el cristiano Pere de Vilarasa.

Sin embargo, pese a los empeños -o las negligencias- que impidieron la conservación de un legado arquitectónico de la época musulmana, Valencia sigue siendo una ciudad árabe en detalles menos visibles, pero igualmente cotidianos y, quizá, más directamente conectados con nuestro subconsciente.

¿Cómo nos referiríamos a Benimaclet, Beniferri, Benicalap, Saidia, la Xerea, Russafa… si nuestra toponimia no hablara árabe?

¿Cómo sería nuestro paisaje inmediato si la huerta que rodea la ciudad – demasiado hermosa y productiva para destruirla por completo- hubiera corrido la misma suerte que los palacios, los edificios religiosos y las murallas?

¿Cuánto habríamos tardado en descubrir el arroz y las naranjas?

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