Socarrats: el curioso origen de una cerámica que se hizo un hueco en las casas de Valencia

Socarrat de Paterna, Valencia

Compartir

Es de sobras conocido que en Valencia tenemos una relación especial con el fuego. Nuestra fiesta más popular no tendría sentido sin ese elemento. La falla en llamas, la mascletá, los fuegos artificiales. Especialmente en marzo, el fuego anda de mano en mano, está presente en cada esquina.

Pero tanto como el fuego, a nosotros lo que nos fascina es el socarrat.

Socarrar es quemar algo exteriormente o superficialmente.

Es lo que diferencia a los buenos de los malos cocineros de paella. Aquel que consigue que el arroz que queda pegado a la base de la paella esté, no meloso ni churruscado, sino socarrat, es un maestro paellero de primer orden. Porque este arte no es nada fácil.

Y no sólo los domingos el socarrat hace acto de presencia en la vida de los valencianos.

Aquí, en toda casa que se precie, hay un rinconcito del salón reservado para él. No para el gastronómico, sino para otro socarrat que arraigó en Valencia ya en época medieval. Y que aquí sigue.

Este otro socarrat hace referencia a una placa de barro cocido, plana, gruesa y adornada con diferentes motivos en colores marrones, rojizos o negros.

Hoy en día se lo puede encontrar sobre algún estante o colgando de la pared a modo de cuadro, pero la realidad es que en el pasado, el socarrat ocupaba otro lugar muy diferente en las casas valencianas.

Estas piezas de barro servían para cubrir las entrevigas en los techos, o para decorar los aleros de los edificios de las casas populares, pues su coste era mucho más bajo que el de los artesonados de madera.

El escaso valor que en su época se otorgaba a estas piezas, ya que su acabado mate y tosco palidecía al lado de los azulejos esmaltados, ha hecho que no se hayan conservado muchos ejemplares originales.

No obstante, se sabe que se empezaron fabricar entre los siglos XIV y XVI y que se hicieron casi exclusivamente en Paterna, un lugar ideal debido a la gran disponibilidad de arcilla, agua y leña que había en sus alrededores.

Para dar forma a estos socarrats, los artesanos, en su mayoría moriscos, llenaban de arcilla unos moldes de madera, alisaban la superficie y los dejaban en un lugar sombreado y poco ventilado.

Una vez secos, cubrían la superficie de blanco con una mezcla de tierra blanca muy calcárea y fluida. Sobre esta base se pintaban los motivos decorativos con óxido de hierro (color rojo) y óxido de manganeso (color negro) y finalmente se cocían en el horno a unos 900 grados, una única vez.

Justamente de aquí, del hecho de cocerse sólo una vez, es de donde toman el calificativo de socarrats.

Como estaban destinadas a ser admiradas de lejos, debido a su ubicación en los techos, estas piezas de barro se solían adornar con un único motivo central de gran tamaño y una decoración suelta, de trazos rápidos.

Un “álbum” de otras épocas

La imagen central podía ser un motivo geométrico o vegetal sencillo y esquemático pero también la representación de algún animal (conejos, ciervos, aves, peces). Algunos reproducían suras del Corán o letras góticas, pero los más interesantes son los motivos que representan escenas donde el centro es la figura humana.

Observándolos nos llegan muchos mensajes sobre cómo era la época en la que se crearon.

En los socarrats se representaban justas de caballeros, músicos con instrumentos medievales, grandes barcos que dejaban constancia de la importancia del puerto de Valencia, esclavos negros acatando órdenes de un mercader, damas y caballeros en los que apreciamos los vestidos y peinados de moda en aquel entonces.

Pero los artesanos también dejaban volar la imaginación, y entonces los ilustraban con dragones o con personajes del bestiario popular como el monstruo de cabeza peluda y largas garras llamado Butoni, que los mayores utilizaban para atemorizar a los niños desobedientes o la Melusina, una dama que, por culpa de un hechizo, se convertía en un monstruo marino con cada luna llena.

Los socarrats nos cuentan historias de nuestra historia, quizás por eso han resistido el paso de los años y se han ganado un lugar más privilegiado en nuestras casas.

SÍGUENOS EN FACEBOOK

Lee la historia del escocés que quiso convertirse en valenciano y descubre algunos de sus retos:

El escocés que nos retó a encontrar 99 cosas que hacer en Valencia (además de subir al Micalet)

La Valencia árabe: esto es lo que queda de un pasado borrado

Cómo hablar del clima en Valencia: manual para entenderse en la ciudad con el “mejor tiempo de Europa”

El largo periplo que convirtió al Jardí Botànic en un oasis en el centro de Valencia

Riada del 57 en Valencia: los grandes cambios (y las pequeñas señales) que dejó la famosa riuà

¿Qué tiene que ver la mocaorà de Valencia con un decapitado que caminó kilómetros sin cabeza?

El extraño fenómeno de la cripta de Valencia en la que solo entra el sol una vez al año

Los mejores barrios de Valencia donde hacerse el moderno sin pasar por Russafa

¿Qué hizo Valencia con el manicomio más antiguo de Europa?

Los Chalets de los Periodistas y más ejemplos de la Valencia que quiso unir lujo y vivienda social

Ruta del bakalao: 30 fotos de los restos de algunas discotecas legendarias de Valencia (y un poco de nostalgia)

Graffiti en Valencia: 30 fotos de obras singulares que hay que salir a buscar en la ciudad

Por qué Valencia derribó sus conventos y la insólita historia de la iglesia que se movió piedra a piedra

El sorprendente botín que Valencia se resiste a devolver a los franceses

El gráfico que te ayudará a entender los entresijos del Tribunal de las Aguas de Valencia

Las claves para tomar la gran decisión en Valencia: ¿Torres de Serranos o de Quart?

Cómo entrar al jardín secreto más popular de Valencia

Cómo llegar al sorprendente rincón donde Valencia se vuelve aldea

Compartir