Las puertas de Valencia por las que no entrarás a ningún edificio (y sus curiosas historias)

Torres de Quart Valencia

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Valencia es ciudad de puertas detrás de las cuales quedó el vacío. El transeúnte puede atravesarlas o pasar ante ellas, pero los edificios a los que daban entrada, si alguna vez los hubo, hace tiempo que desaparecieron. 

En un post anterior nos referimos a estos restos como “ninots indultats” de la historia.

Quizá la puerta de Serranos y la de Quart, reliquias de la muralla, sean las más conocidas.

Pero no son las únicas que sobrevivieron a la demolición de las estructuras (palacios, conventos, molinos…) a las que pertenecían. Algunas de ellas pueden pasar desapercibidas a cualquier escocés o local que camine por la ciudad.

En el llano de la Saïdia, al inicio de la calle Visitación, encontramos una de ellas: el arco de la Torreta. Si nos acercamos lo suficiente, será la misma estructura de ladrillo quien nos cuente su origen. “Sóc l’arc del molí de la Torreta. Tendetes”, rezan unos socarrats colocados sobre él.

La rueda de molino a los pies del arco confirma su procedencia. Se trata de los últimos vestigios de un molino que hubo en el vecino barrio de Tendetes y que desapareció en los años 60.

Río abajo, en los Jardines de Viveros, nos encontramos con una verdadera colección de puertas sin hogar, la mayoría de ellas de origen más aristocrático que la de Saïdia.

Dando entrada al recinto ajardinado que linda con el Museo de Bellas Artes se encuentra la antigua portada del convento de San Julián, cuyos restos fueron derruidos en los años 40 del siglo XX. En su solar, ubicado en el cruce de las calles Sagunto y Fray Pedro Vives, se construyó un bloque de viviendas.

La portada se salvó de la quema y en 1953 se reconstruyó en Viveros. Más allá de su dintel, coronado por un corazón atravesado por dos flechas, sólo hay árboles.

Sin salir del parque podemos admirar las puertas de los palacios de los condes de la Alcudia y Gestalgar, de los duques de Mandas y la imponente entrada al del marqués de Jura Real, por la que se sale a la calle Jaca. Ninguna de estas residencias existe ya, pero podemos seguir imaginando y recordando cómo eran.

Y ya en la ribera derecha del Turia, la Puerta del Mar, con sus ornamentos belicistas y su impostada solemnidad, da entrada a la Glorieta. Aunque se levanta en el lugar donde se alzó la puerta de las murallas del mismo nombre, la estructura actual nunca dio acceso a ningún edificio. En realidad fue construida en 1946 sobre un diseño de Javier Goerlich Lleó como monumento a los “caídos por Dios y la patria” durante la Guerra Civil.

Sí hubo en cambio un edificio detrás de los tres arcos de medio punto que dan la bienvenida a los Jardines del Antiguo Hospital desde la calle Guillén de Castro. Detrás de esa puerta -hoy reconstruida- se encontraba la vieja facultad de Medicina, edificada en los años 70 del siglo XIX. Durante casi un siglo se formaron en ella generaciones de médicos valencianos.

El paseante puede continuar hasta la Plaza de Joan de Vila-Rasa. Allí le espera la entrada al palacio de Parcent, del siglo XVIII. En la actualidad no queda nada del edificio. En su lugar encontramos los jardines del mismo nombre.

Y para concluir este recorrido cruzaremos la que es, a nuestro juicio, una de las puertas más hermosas de Valencia: el portal de la Valldigna. Abierta en la antigua muralla árabe en 1400, daba acceso a la morería. Junto a ella se hallaba la imprenta en la que se se imprimió en 1474 el primer libro en la península Ibérica, les Obres e trobes en lahors de la Verge María.

Como siempre, este itinerario queda abierto a nuevas sugerencias de puertas solitarias, las que nos llevan al mismo lugar del que partimos y al atravesarlas, con solo un paso, “salimos” de Valencia para volver a entrar en ella. Quizá esa sea su magia.

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