4 personajes con historia que dan nombre a 4 de las plazas más emblemáticas de Valencia

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Quedar en la de la Reina, bailar en la de Doctor Collado, ir a comprar a la de Mossén Sorell o tomar un café en la de Rodrigo Botet. En la ciudad de Valencia, como en todas, las plazas se convierten en lugares de encuentro cotidianos.

Sus nombres pasaron a formar parte de nuestro vocabulario habitual hace tanto tiempo (quizás estuvieron ahí siempre), que solo las miradas foráneas (como la de Andrew) consiguen que nos volvamos a preguntar… ¿Reina, qué Reina? ¿Quién fue el doctor Collado, Botet o Mossén Sorell?

La plaza de la Reina nació fruto de las remodelaciones urbanísticas de finales del siglo XIX, como un intento de dotar a Valencia de una plaza Mayor. Como un original regalo de bodas, el mismo día en que en Madrid el rey Alfonso XII se casaba con su jovencísima prima, María de las Mercedes de Orleans, se bautizaba con su nombre, la nueva plaza de la ciudad: plaza de la Reina María de las Mercedes.

Durante la República se llamaría Plaza de la Región Valenciana, y también recibiría el nombre de Plaza de Zaragoza, en recuerdo de la calle Zaragoza, una de las más transitadas y vitales de la ciudad -pues estaba llena de comercios- y que fue derribada precisamente para ampliar la plaza. Esa plaza que los valencianos seguían llamando de la Reina. Así que el Ayuntamiento, le devolvió su nombre original pero se ahorró especificar el nombre de la monarca en cuestión.

Al Doctor Collado también nos referimos con tanta familiaridad que bien podría tratarse de un vecino o de un tío lejano… ¿Pero quién era en realidad este médico para merecer tan céntrica plaza?

Luis Collado nació en Valencia en 1520. Estudió medicina en la Universidad de la ciudad y allí ejerció de profesor de anatomía. Su fama llegó a ser tan grande que el rey Felipe II le nombró médico de cámara en el año 1572. Sobre todo, Luis Collado fue un gran estudioso del oído.

Ahora, en la plaza que lleva su nombre, los domingos por la mañana suena música swing y la gente baila al son de los acordes sin saber que el descubrimiento del estribo, uno de los huesecillos que componen el oído, se lo debemos a él.

Y detrás de la Plaza del Ayuntamiento (esta sí tiene, después de haber pasado por otros nombres, una denominación que se explica por sí sola) encontramos la plaza del Astoria o la plaza de los patos (en referencia a la fuente que hay en el centro). Así la rebautizan a diario muchos valencianos, pero en realidad, esta es la plaza Rodrigo Botet.

José Rodrigo Botet, vivió una vida llena de aventuras que le llevó a Argentina, donde estudió ingeniería civil y a Brasil. Poco a poco fue creciendo su pasión por la paleontología y acabó formando una importantísima colección de mamíferos americanos del Pleistoceno que decidió donar a la ciudad que le vio crecer.

El mismo Botet se embarcó en un vapor para llevar hasta Valencia un esqueleto completo de Megaterio de seis metros de longitud, un gran ursido (oso), un tigre de dientes de sable y varios armadillos gigantes, entre muchos otros fósiles. Esto le valió el título de hijo predilecto de la ciudad y una plaza.
Los fósiles que trajo Botet se pueden ver en el Museo de Ciencias Naturales de la ciudad.

¿Y Mossén Sorell?

En el lugar que ahora ocupa el mercado por el que es conocida la plaza, se edificó uno de los palacios góticos más bonitos de toda Valencia.

Los Sorell eran una importante familia de comerciantes valencianos. Una leyenda cuenta que Bernat Sorell consiguió su fortuna gracias a un increíble golpe de suerte. En el Grao de Valencia compró, junto a otras mercancías, unos toneles de pólvora que unos corsarios musulmanes habían robado a una nave inglesa. Cuál sería su sorpresa cuando al vaciarlos descubrió entre la pólvora 20.000 ducados.

Se dice que esta fortuna permitió a Tomàs Sorell (hijo del afortunado Bernat) construir el famoso palacio. Quizás para recordar que el dinero viene y va, en la puerta de entrada al palacio rezaba la inscripción “lo que tenemos fallece y el bien obrar no fenece”.

El palacio de los Sorell desapareció, pero el nombre de la plaza se encarga de recordarnos la existencia de esta noble y afortunada familia.

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