Siete artes (además de comer la mona) a las que dedicarse con devoción durante las fiestas de Pascua en Valencia

Playa de levante desde el pabellon

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La Semana Santa en Valencia es, sobre todo, pascuera. Más que de recogimiento, es una semana de celebración, de comilonas al aire libre, de reunirse con los amigos, de dejarse llevar por la primavera y volver a jugar a juegos de niños. 

Y como en Valencia somos mucho de celebrar, alargamos estas fiestas todo lo que podemos: desde el Domingo de Ramos, en el que es imprescindible estrenar como mínimo zapatillas y vaqueros (“el Diumenge de Rams qui no estrena no té mans”) hasta el lunes, no el de Pascua, sino el lunes de la semana siguiente (!), fiesta de San Vicente Ferrer.

Os recomendamos (sobre todo a ti, Andrew) aprovechar el buen tiempo que ya suele acompañar en estos días festivos, para disfrutar de artes de lo más diversas:

1. El arte de pasar el día al aire libre

La Pascua invita a elegir entre mar o montaña. A abandonar las ciudades y salir en búsqueda de la naturaleza. Pero quienes decidan quedarse en Valencia, también lo tienen fácil. ¿El sol de la Malvarrosa o la sombra de un buen pinar en el cauce del río?

2. El arte de merendar

La merienda es esa comida que los adultos solemos tener medio abandonada hasta que llega la Pascua. Entonces, que hayamos preferido comer una paella o una “torrá” de carne, no es lo importante. Lo importante es dejar hueco para zamparse, a media tarde, la mona de Pascua (huevo incluido), el panquemao, la coca de nous i panses o el rollet de anís y la longaniza (también de Pascua). Hasta el tan mitificado esmorzaret pasa a un segundo plano.

Aquí puedes leer más sobre la mona de Pascua

3. El arte de volver a ser niño

Al igual que sucede con la merienda, la Pascua nos invita a recuperar otras actividades que de niños nos encantaban pero que con el tiempo hemos olvidado. Saltar a la comba, bailar la peonza, jugar a canicas o a pillar, volar la cometa o cantar La Tarara y otros clásicos del cancionero popular. Todo vale. Eso sí, mejor tener a algún pequeño cerca que nos sirva como excusa si no queremos pasar por locos.

4. El arte de volar cometas

En Valencia se las conoce como “catxirulos” y en Pascua no pueden faltar. ¿Tendrá algo que ver nuestro catxirulo con el pañuelo a cuadros rojos y negros típico de Aragón con el que comparte nombre? ¿Se harían antiguamente las cometas usando este pañuelo y unas cañas? ¿Quién sabe? El caso es que las cometas son fundamentales en la Pascua valenciana. Tanto que se han transformado en un concurso internacional conocido como Festival del Viento, que se celebra en la playa de las Arenas y en el que se pueden ver catxirulos de todas formas y colores e incluso aprender a hacerlos.

5. El arte cinematográfico

Las televisiones suelen recuperar en Semana Santa todas las películas de temática bíblica y a rebufo del Charlton Heston de Ben-Hur y Los Diez Mandamientos, sacan incluso a El Cid (aunque poco tenga que ver con la Pasión), que fue rodado en Peñíscola, entre otros puntos de España. Quienes prefieran pasar algo de tiempo en el sofá, pueden dejarse llevar y acabar viendo Jesucristo Superstar, poniendo, eso sí, la versión musical que popularizó al valenciano Camilo Sesto.

6. El arte sacro

Aunque Valencia sea, en general, más pascuera, hay un barrio en el que la Semana Santa adquiere protagonismo: el Marítimo. Las procesiones de la Semana Santa Marinera recorren las calles del Cabanyal, llegando incluso hasta la misma orilla del mar. La del Santo Entierro, que se celebra el Viernes Santo y dura unas cinco horas, permite ver en plena calle un rico patrimonio escultórico en el que destacan el Cristo de la Palma, de finales del siglo XVII o el Paso de la Verónica, realizado por Mariano Benlliure.

Y ya metidos en temática, quizá sea el momento ideal para darse una vuelta por el Museo de Bellas Artes y descubrir entre su colección el Ecce Homo de Joan de Joanes, el tríptico de la Pasión, elaborado en el obrador de El Bosco o Preparativos para la Crucifixión y la Santa Cena de Ribalta.

Las posibilidades son muchas. Aunque siempre hay quien preferirá abstraerse de todo y dedicar las fiestas de Pascua al noble arte de no hacer nada.

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