Seis palacios míticos de Valencia (además del Real) que ya nunca podrás visitar

palacio de ripalda

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Era tan grande que se le conocía como “el palacio de las trescientas llaves”. Su imponente fachada de piedra y sus torres almenadas escondían columnas de mármol, bellas decoraciones en azulejo de Manises y Talavera, numerosos jardines e incluso una colección zoológica de leones, osos, ciervos, víboras y otros animales. Estaba junto al margen izquierdo del río Turia, en Valencia.

El Palacio Real, el de las trescientas llaves, se construyó como finca de recreo de los reyes musulmanes y fue la residencia oficial en Valencia de los sucesivos reyes de la Corona de Aragón, Austrias y Borbones. Vio pasar 500 años -con sus periódicas inundaciones- desde el exterior de las murallas de la ciudad hasta que en 1810, en plena guerra contra las tropas napoleónicas, se decidió su demolición.

Dicen algunas fuentes que para evitar que las tropas francesas consiguieran hacerse fuertes en el palacio y atacar desde allí la ciudad. Otros afirman que fue la excusa perfecta para acabar con un símbolo del poder real en plena crisis del Antiguo Régimen.

Por una razón o por otra, el Palacio Real desapareció dejando tras de sí una enorme montaña de escombros. Fue el general Elío quien la mandó cubrir creando así unas montañas artificiales que aún hoy siguen llevando su nombre y ocultando los cimientos del Real, en los actuales jardines de Viveros.

Algunos años después de la destrucción del Palacio Real, Valencia volvió a tener otro palacio emblemático, que parecía un castillo recién salido de un cuento de hadas. Así lo construyó hacia 1890 el arquitecto Joaquín María Arnau Miramón para la condesa viuda de Ripalda.

Su elegante torre circular rematada por un chapitel y sus almenas se convirtieron en una constante en las postales de la ciudad y en un inmejorable decorado para los paseos de la burguesía valenciana por la Alameda.

La familia propietaria lo fue dejando en el abandono hasta que en 1967 lo vendieron. El palacio se derribó y en su lugar se construyó un moderno edificio de forma peculiar al que los valencianos llamamos la Pagoda, justo delante del Jardín de Monforte.

El paso del tiempo hizo desaparecer otros palacios de Valencia. Algunos consiguieron, al menos, salvar una parte de sus elementos como recuerdo de su presencia.

Al jardín de Parcent, cerca del Mercado Central, se accede por una gran portada de piedra. Es lo único que queda del palacio que ocupaba aquel lugar, construido hacia 1760 por los Condes de Parcent, provenientes de Italia y enriquecidos gracias a la industria de la seda.

Allí se alojó José Bonaparte en 1812, en su visita a Valencia durante su corto reinado, pero de las paredes que lo acogieron ya no queda nada.

El palacio de Mosén Sorell, ubicado en la plaza que hoy lleva el mismo nombre, era uno de los más bonitos palacios medievales de la ciudad. Se construyó hacia 1455 y en él eran de admirar el artesonado del Salón Noble, sus portadas gótico-flamígeras y una gran escalera de piedra que daba acceso al piso principal. En 1878, un incendio arrasó el edificio dejándolo en estado de ruina. Años después se demolió y algunos de sus elementos se vendieron. Una de sus puertas está en Reggio Emilia (Italia), otra en el Museo de Cerámica de Manises, la puerta de la capilla acabó en el Louvre de París y un escudo de piedra se puede ver algo más cerca, en el Museo de Bellas Artes de Valencia.

El palacio del Embajador Vich se edificó hacia 1525. Jerónimo Vich, fue el embajador de Fernando el Católico y de Carlos I ante la corte Papal en Roma. De regreso a su tierra mandó construir un palacio al más puro estilo renacentista.

Sobre 1850, ante el estado ruinoso del palacio y su inminente destrucción, el espléndido patio de columnas de mármol de Génova se desmontó y se guardó en el convento gótico del Carmen durante siglo y medio más. En 2007 se reconstruyó íntegramente en el Museo de Bellas Artes de Valencia.

Del palacio del rey andalusí Abú Zayd no quedan restos. Tampoco del Real Monasterio de Santa María de Gratia Dei que se construyó sobre este palacio tras la reconquista. Nos ha llegado, eso sí, un topónimo: Zaidía. Tantos siglos después, la zona de la ciudad donde se ubicaba el palacio de Abú Zayd sigue llamándose con su nombre.

Y un último palacio: el del Marqués de Jura Real, situado en la plaza del Ayuntamiento esquina con la calle En Llop. De su demolición a principios del siglo XX se salvó sólo un “gigante” al que en Valencia se conoce como “nano”. Pero querido Andrew, ésta, será otra historia…

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