La imponente puerta de alabastro ante la que caen rendidos quienes visitan Valencia

puerta marques de dos aguas

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A pesar de que su opulencia se aprecia ya desde lejos, a pesar de la sorpresa que supone al visitante de la ciudad encontrarse,  como salida de la nada, con la fachada de “falso mármol” de colores de este palacio excesivo, nada prepara para el impacto que produce la primera visión de la puerta de alabastro del Palacio del Marqués de Dos Aguas.

Evitar la tentación de fotografiarla es una tarea (casi) imposible.

Ante la argamasa de formas y volúmenes que conforman esta abigarrada puerta, la fachada rococó del palacio ya parece menos sobrecargada. Hasta se olvida. Porque las miradas se quedan como atrapadas en el dintel. Van de una figura a la otra. Las de los imponentes atlantes, que el escultor Ignacio Vergara talló a uno y otro lado de la puerta, como dándole la espalda pero mirando de reojo a todo aquel que se atreviera a entrar en el palacio de los Rabassa de Perellós, titulares del marquesado de Dos Aguas.

Fue en 1740, cuando el marqués decidió reformar su antigua casa solariega, de estilo gótico, y adaptarla a las nuevas modas constructivas, de la mano de Hipólito Rovira, pintor valenciano del que el marqués era protector, y de Ignacio Vergara.

Del talento en el dibujo de Rovira y en la escultura de Vergara, nació esta obra de arte, cuyo material, el alabastro, provenía de las canteras de Niñerola, que el propio marqués poseía en la localidad de Picassent, muy cercana a Valencia.

La brutalidad de los dos atlantes, con sus enormes pies y manos y sus músculos bien marcados, contrasta con la fragilidad del alabastro del que están hechos, un material blando que permite labrar en él formas muy elaboradas.

Cuando uno acaba de examinar a los dos gigantes y traslada su mirada al resto de formas que los envuelven, descubre en la parte inferior, dos tinajas de las que mana agua, símbolo dicen del nombre del marquesado -de Dos Aguas- y representación de los ríos Turia y Júcar; la cabeza de un león a la izquierda, dos cabezas de caimán o cocodrilo, en la parte derecha y envolviéndolos, una yedra con una serpiente enroscada a un lado y al otro lado, una palmera.

Así, subiendo entre motivos vegetales, se llega al escudo de armas de los marqueses Rabassa de Perellós, coronado y con multitud de símbolos que representan los diversos linajes de los que provienen. A pesar de los dos barbudos con gesto amenazador y garrotes alzados que lo protegen, el paso del tiempo ha conseguido atacarle y está desgastando su parte central.

Y en la zona más alta, dentro de una hornacina, se encuentra la imagen de la patrona del marquesado: la Virgen del Rosario con el Niño en brazos. A sus pies, dos mujeres en actitud contemplativa, una, con una cornucopia rebosante de frutos, símbolo de la abundancia, y la otra, con una vasija de la que caen monedas, alegoría de la magnanimidad. Sobre la hornacina, un ángel con trompeta y corona de laurel proclama la fama de los Rabassa de Perellós.

Una observación todavía más detenida llevará a descubrir racimos de uva y otros frutos, formas acaracoladas, rayos de luz, ángeles con cuerpo de serpiente, pebeteros, motivos vegetales y flores.
Ante tanto alarde figurativo no pierde protagonismo el verdadero elemento principal de toda la portada, el propio alabastro. Su color, en algunas zonas más rosáceo o blanquecino, en otras, virando hacia el ocre y las vetas grises que la piedra va dibujando en el conjunto, acaban de conferir un carácter único a esta portada tan especial.
Ni el lujoso Salón de Baile, ni la cocina con cerámica valenciana del siglo XIX, ni siquiera la exquisita Carroza de las Ninfas (también obra de Ignacio Vergara), ni el resto de tesoros que aguardan dentro del palacio, formando parte del Museo Nacional de Cerámica y de las Artes Suntuarias ‘González Martí’ conseguirán borrar de la mente del visitante el recuerdo de los toscos gigantes con delicada piel de alabastro.

*Foto: Puerta del Marqués de Dos Aguas [Material gráfico] : Valencia. Biblioteca Valenciana Digital

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