Rincones alucinantes donde Valencia se convierte en Estambul, París, Nueva York…

Estación del Norte, Valencia

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Al final de los jardines del Turia, donde empieza Mislata, Valencia se convierte en Estambul.

Es un viaje efímero, estático y claramente subjetivo que nos lleva a través de la historia de nuestra ciudad a un recuerdo del otro extremo del Mediterráneo…

Los reflejos de otras ciudades en Valencia pueden ser infinitos. Tantos como seamos capaces de ver. Incluso un destello de Estambul en Mislata.

El trayecto empieza en la Cisterna Basílica de Constantinopla.Medusa en las Cisternas de Estambul

Dos cabezas de Medusa sirven de base a dos de las 336 columnas de mármol que sostenían el mayor depósito de aguas de la capital bizantina.

Su rostro, verdoso por la humedad de siglos, se dice que está invertido para restarle poder a su mirada, que según la el mito tenía el poder de convertir en piedra a quienes la enfrentaran cara a cara.

Y esta ruta imaginada termina a las puertas del Parque de Cabecera.

Allí, casi oculto, protegido de los visitantes fortuitos por una carretera, la “cisterna” de Valencia es hoy el Museo de Historia de Valencia.

Menos imperial y más humilde, el primer depósito de aguas de Valencia está sostenido por 250 pilares de ladrillo.

Dentro, un recorrido cronológico nos guía por la historia de la ciudad desde su fundación hasta nuestros días. Hay piezas arqueológicas, recreaciones de ambientes domésticos de diferentes épocas y audiovisuales que muestran el día a día de los habitantes de la ciudad a lo largo de los siglos.

El edificio lo construyeron entre 1847 y 1850 los ingenieros Ildefonso Cerdà -el mismo que creó el Eixample de Barcelona- y Leodegario Marchessaux sobre un diseño de Calixto Santa Cruz para garantizar el suministro de aguas de la ciudad.

El visitante deambula por las bóvedas ante los ojos del mosaico de Medusa descubierto en la Calle Reloj Viejo en 1949.

Esa mirada –quizá no tan inofensiva- es el puente que nos lleva a Estambul.

Medusa en el Museo de Historia de Valencia

Y no es el único paralelismo urbano (im)posible en Valencia.

Sus calles están salpicadas de detalles que nos transportan momentáneamente –con un poco de imaginación y voluntad- a otras ciudades.

Por ejemplo, si miramos hacia arriba en la esquina de la Calle Jorge Juan y de Martínez Ferrando descubrimos un fragmento de bulevar parisino en el edificio Bernardo Gómez de 1920.

En la plaza Rodrigo Botet sus plataneros y su fuente de patos y ninfas metálicas nos transportan a Aix en Provence.

Y hay quien viaja al Nueva York de la primera mitad del siglo XX cada vez que cruza la avenida Barón de Cárcer o pasa ante el antiguo cine Capitol en la calle Ribera.

La Plaza Redonda, tras la restauración, dejó de ser Palermo y las calles cercanas perdieron el bullicio de los mercados de Ballaró o la Vucciria.

Ciudades superpuestas, capas de la historia –sobre todo personal- que una vez descubiertas sientes la tentación de compartir aunque puedan parecer disparatadas a quien escucha o lee…

Por supuesto, cada paseante inventará sus propias correspondencias urbanas en función de su experiencia y de su mirada sobre la ciudad.

¿Cuáles son las tuyas?

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