Cómo llegar al mejor lugar desde el que contemplar Valencia: El Micalet

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Observar una ciudad desde lo alto nos permite apreciarla de forma diferente. En las ciudades planas, a falta de miradores naturales, esa perspectiva solo es posible alcanzarla desde campanarios, torres o rascacielos. 

En Valencia, esta atalaya privilegiada es el campanario de la catedral, tan simbólico para la ciudad que hasta tiene nombre propio y diminutivo cariñoso, Micalet.

Durante siglos fue el edificio más alto de toda Valencia. Sus campanas marcaban los horarios de apertura y cierre de las puertas de la ciudad y regulaban la vida de sus habitantes. Esa altura privilegiada también llegó a usarse para vigilar la costa y avisar de la llegada de embarcaciones enemigas encendiendo unas hogueras en la parte más alta de la torre.

Ya en el siglo XX, el Micalet inspiró la versión valenciana del león de la Metro o del globo terráqueo de la Universal al prestar su silueta –milagrosamente salvada del impacto de dos rayos- a la productora Cifesa.

Con el tiempo, otros edificios le superaron en tamaño y otros símbolos disputaron al Micalet su categoría de símbolo de la ciudad. A todos ellos, el campanario sigue mirándolos por encima del hombro, seguro de que su base sigue siendo el punto donde se apoya el compás que dibuja la amplitud de Valencia.

Subir hasta su espadaña es toda una experiencia, cansada eso sí, pero vale la pena recorrer los 207 escalones que nos conducen, por una angosta y bonita escalera de caracol, a ver Valencia desde otra dimensión.

En la subida es casi imposible no detenerse, también como excusa para coger aire, a observar entre las estrechas aberturas en el muro. Desde allí se divisa un trozo de cielo, la calle Navellos desembocando en la plaza de la Virgen, las pequeñas cúpulas de tejas azul intenso de la aledaña catedral, en un avance, como si de un trailer cinematográfico se tratara, de lo que nos espera al final del recorrido. Lo reducido del espacio hace que en la subida haya que componérselas apretujándose contra la pared para dejar paso a otros intrépidos y curiosos visitantes que ya descienden. En su media sonrisa puede leerse a veces un “ánimo, que el esfuerzo lo merece”, otras un “pues no es para tanto”. La belleza está siempre en los ojos del que mira.

Desde arriba, Valencia se muestra, distante y cercana, ante los ojos del voyeur que recorre indiscreto sus terrazas y sus calles sin riesgo de ser percibido.

Todos los lugares y experiencias que se pueden vivir en esta ciudad -las 99 que hemos ido desgranando en este blog y muchas más- quedan al alcance del ojo desde lo alto del Micalet, el único mirador de Valencia desde el que todo puede ser visto o imaginado.

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