Cómo llegar a Mahuella, el sorprendente rincón donde Valencia se vuelve aldea

Mahuella, Valencia

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Valencia no acaba donde terminan el asfalto y los ladrillos. Ni siquiera donde plantan el cartel con su nombre tachado por una línea roja, como si al abandonar la ciudad uno tuviera que eliminarla de su memoria.

La ciudad también es la huerta, aunque durante años se empeñó en construir una muralla que las separara, cuando no en engullirla a bocados.

Hoy es difícil pasear por los campos que rodean Valencia y no sentir el aliento del tráfico, la sombra de las fincas y la amenaza de las rondas y bulevares.

Pero Valencia guarda un secreto.

Más allá de sus límites, más al norte de Alboraia, incluso más lejos de Meliana, como un enclave olvidado, existe -resite- un rincón de huerta en el que parece que se detuvo el tiempo.

Su nombre es Mahuella y, técnicamente, es Valencia. Como también lo es la vecina Tauladella.

Ambas son pedanías de la ciudad ubicadas en un enclave entre Albalat dels Sorells y Albuixech, pertenecen al distrito de Poblats del Nord y comparten alcalde pedáneo con Cases de Bàrcena.

Quizá no sean tan conocidas como El Saler o Massarrojos, pero la plaza de Mahuella, con su aire de pueblo rural, forma parte del Cap i Casal tanto como la de la Mare de Deu.

Mahuella, donde Valencia se hace huerta

Allí la ciudad se vuelve aldea. Los solares, naranjales, las avenidas, acequias, los parques, campos de chufas…

Ir a Mahuella es ir a una Valencia que ya casi no existe. Y la mejor manera de hacerlo es en bici. Sólo son 11 kilómetros desde el centro de la ciudad.

Hasta Albalat dels Sorells, la mejor manera de llegar es a través del carril bici que sigue la antigua vía Xurra.

Desde Albalat hay que girar a la derecha por la travesía Roca-Cuíper y tomar el primer desvío a la izquierda. Mahuella está ya a poco más de un kilómetro.

Pero hay que estar atento porque es pequeña y sus casas alrededor de la plaza, rodeadas de huerta, pueden pasar desapercibidas.

Son apenas tres calles y no hay bares, ni tiendas. En menos de 100 metros se acaba el pueblo y el Carrer de l’Horta pierde el nombre de calle para ser, simplemente, huerta.

Cuando creías que toda Valencia estaba ocupada por el asfalto, te acuerdas de las palabras de Goscinny y Uderzo y contemplas una pedanía poblada por irreductibles labradores que planta cara todavía y siempre al invasor… Por muchos años.

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