Julio: el mejor mes para practicar en Valencia el arte del "pensat i fet"

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En pleno verano, cuando muchos valencianos disfrutan ya de unas merecidas vacaciones y antes de que la ciudad se vacíe por completo durante el mes de agosto, los días de julio aparecen repletos de propuestas que invitan a vivir Valencia al aire libre y en compañía.

En julio hay cines de verano por doquier, conciertos en el cauce del río Turia y en los jardines de Viveros, cenas de sobaquillo junto al mar y hace acto de presencia la gran noria de la Feria que colorea las noches calurosas de la ciudad.

Julio es pues, el mejor momento para poner en práctica algo tan valenciano como el “pensat i fet”. El “dicho y hecho”, la improvisación, la espontaneidad son en Valencia un arte tan arraigado que a los foráneos meticulosos como Andrew les puede llegar a desquiciar. Todo es cuestión de acostumbrarse.

En Valencia las quedadas surgen de repente, se improvisan. Basta una llamada (o un whatsApp) y el tiempo justo para arreglarse y llegar hasta el punto de encuentro. La ciudad invita a ello. No es muy grande, así que una media hora suele bastar para alcanzar el lugar acordado: ¿la plaza de la Virgen? ¿la del Carmen? ¿los escalones de la Lonja? ¿la boca del metro de Colón? ¿la placita de Patraix o Campanar?

Todos ellos son lugares clave. Puntos de encuentro llenos de profesionales del “pensat i fet” que esperan a otros adeptos de la misma práctica. Da algo de rabia verles tan ufanos, dominando la agenda con desparpajo. ¿Qué mejor momento para quedar que ahora mismo? El presente manda.

En otras ciudades encontrarse así es imposible. Las grandes distancias entre unos barrios y otros, las rutinas de sus habitantes, el afán por la organización, hacen que toda reunión con amigos tenga que planificarse con días, meses incluso, de antelación. Aunque se trate simplemente de tomarse un café.

Muchos lo ven como un defecto, como una falta de profesionalidad o de seriedad, pero el “pensat i fet”, esa característica tan mediterránea, tan del sur, es, bien mirado, muestra de una capacidad enorme de adaptación y el summum del “carpe diem” que tanto predican los expertos del mindfulness.

Sólo hay un problema: que esa improvisación, ese hacer sin perspectiva de futuro ni análisis previo se traslade a otros ámbitos. En la política el “pensat i fet” no nos gusta, aunque en Valencia también se haya practicado con total despreocupación.

Con sus cosas buenas y malas, en Valencia el “dicho y hecho” campa a sus anchas. La misma ciudad se ha adaptado tanto a esta idiosincrasia que es difícil encontrar un solo evento en Valencia que empiece puntual. Quizás sea para que puedan llegar a tiempo también aquellos que hayan tomado la decisión de asistir en el último momento: los maestros indiscutibles del “pensat i fet”.

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