Los Chalets de los Periodistas y más ejemplos de la Valencia que quiso unir lujo y vivienda social

Chalets de los periodistas

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Quienes habitamos Valencia tenemos nuestro mapa personal de la ciudad en el que marcamos esos rincones favoritos. Calles que nos gusta recorrer, placitas en las que conversar y edificios que nos enamoran.

De entre la categoría “edificios”, cada uno tiene en mente aquel al que no le importaría nada poder llamar “mi casa”. Es más, uno sueña, con que un día, el azar, el destino y el banco, se alineen y en un alarde de benevolencia nos concedan ese sueño.

¿Quién no ha suspirado contemplando esas casitas en el arranque de Blasco Ibáñez, junto a los jardines de Viveros? ¿Quién no querría presumir de vivir en la Finca más emblemática de la ciudad? ¿O en un ático con jardines colgantes y vistas al mar y a la huerta?

Aunque quizás no lo sepan, los que se han sentido identificados en el párrafo anterior comparten, en el fondo, un amor por las utopías, pues han señalado como la casa de sus sueños, una vivienda social.

Por extraño que nos parezca, hubo un tiempo –un tiempo breve- en el que el concepto VPO (vivienda de protección oficial) o vivienda obrera no era equivalente a “piso pequeño, con las comodidades básicas y acabados pobres”.

En los años 30, el incremento del éxodo rural hacia las ciudades supuso la necesidad de edificar un gran número de viviendas a bajo coste para que la clase trabajadora pudiera tener acceso a una casa y algunos arquitectos y urbanistas se preocuparon por que ésta fuera algo más que una casa digna.

En Valencia, Enrique Viedma levantó el que se convertiría en un referente de la ciudad, no para los turistas sino para sus habitantes: la Finca Roja. Este edificio de ladrillo rojo y elementos cerámicos color verde ocupa una manzana entera entre las calles Jesús, Marvá, Albacete y Maluquer. Su construcción fue promovida por la Caja de Previsión Social del Reino de Valencia y sus 378 viviendas están dotadas de tres habitaciones. La Finca en sí contaba con ascensores (un lujo del que aún hoy muchos edificios no disponen) y un gran patio interior ajardinado que pretendía convertirse en el centro de la vida social de los residentes.


Menos conocido y en un penoso estado de abandono se levanta en el número 49 de la calle Guillem de Castro otro edificio al que se apodó como La Casa Rusa, pues su autor, Joaquín Rieta, intentó aplicar aquí las experiencias soviéticas en vivienda obrera. La Casa Rusa estaba formada por casas de 3 y 4 habitaciones y servicios comunes como un patio interior con lavandería, enfermería y con suministro centralizado de agua caliente.

LA CIUDAD JARDÍN Y EL EDIFICIO AJARDINADO

Algunos arquitectos y urbanistas apostaron por introducir en Valencia el modelo de ciudad jardín que llegaba del norte de Europa. Uno de ellos, José Pedrós, tenía un ambicioso proyecto para el Paseo al Mar (la actual Avenida Blasco Ibáñez). En un utópico intento por superar la lucha de clases, Pedrós quería construir viviendas de lujo en la franja central del Paseo y destinar las franjas laterales a vivienda obrera. Pero de este curioso proyecto sólo se llegaron a edificar los Chalets de los Periodistas, como los conocen los valencianos. Estas singulares “casas baratas” de más de 200 m2, torre y jardín, fueron promovidas por la Asociación de la Prensa Valenciana y la Cooperativa de Artes Gráficas y construidas también por Enrique Viedma. Parece ser que no hace muchos años, una de ellas se vendió por varios millones de euros.

Otro ejemplo de ciudad jardín lo encontramos en el Grupo Residencial La Previsora. 70 casas baratas destinadas a funcionarios y profesionales de la clase media. Su arquitecto, Cayetano Borso di Carminati, autor también del edificio Rialto, llenó tres calles (Carteros, Marqués de Bellet y Gabriel y Galán) de viviendas pareadas de 118 m2, doble altura, seis dormitorios, un pequeño jardín en la parte anterior y corral o patio en la posterior.

Durante los años 50 y sobre todo, tras la Riada del 57, se construyeron en muchas zonas de Valencia viviendas para albergar a los que se habían quedado sin casa. Pero la mayoría de estos edificios ya no tenían tan en cuenta las necesidades y comodidad de sus futuros inquilinos.

Como modelo alternativo, ya en los años 80, se edificaría el Espai Verd, una utopía hecha vivienda gracias al arquitecto Antonio Cortés. Una experiencia cooperativista dio forma a este edificio residencial de 108 viviendas con amplias terrazas ajardinadas y cuyo diseño y acabados podía acabar de definir cada propietario junto al mismo arquitecto.

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Además de frondosos jardines, esta curiosa construcción ubicada junto a la huerta de Valencia y mirando al mar (se buscó la máxima eficiencia energética) tiene espacios comunes, calles elevadas, piscina y pista de footing interior.

Son ejemplos, todos ellos, que nos permiten recorrer una Valencia ideal en la que la construcción se puso al servicio de los habitantes. Sí, esa Valencia existe, aunque es fácil que se nos olvide.

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