Por qué en las fallas de Valencia ardió una obra de Dalí 62 años antes de la declaración de la Unesco

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Las fallas ya han conseguido su reconocimiento como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, por la creatividad colectiva, por aunar a artistas falleros, músicos, maestros de la indumentaria y la pirotecnia, por reforzar la cohesión social.

Pero esta no es la primera vez que la fiesta fallera ha intentado conseguir todavía más repercusión internacional.

En 1954, los miembros de la llamada Comissió del Foc, encargaron los bocetos de la falla que habían de plantar en la plaza del Ayuntamiento, nada menos que al pintor Salvador Dalí. Octavio Vicent fue el artista fallero que se las vio y las deseó para componer aquella “corrida de toros surrealista” dibujada por Dalí.

La falla representaba una gran plaza de toros, en el centro, un torero con unas enormes y coloridas alas de mariposa; el toro muerto, suspendido en el aire, era levantado por una especie de helicóptero-animal extraño mezcla de águila, rinoceronte y sapo.

Entre el público, unos nazarenos, una mujer, que seguramente era Gala y un ninot que representaba al propio pintor. Éste, volvió a inmortalizarse en un gran busto en el que mitad de la cara era de Dalí y la otra mitad, de Pablo Picasso.

No es de extrañar que, en una fiesta tan tradicional y en los años 50, la falla surrealista de Dalí no gustara nada y fuera muy criticada. Como todas las fallas, el 19 de marzo de aquel año, ardió y desapareció para siempre.

La otra aportación que realizó Dalí a la Comissió del Foc es el diseño de la insignia de la falla que aquel año lucieron falleros y falleras de la comisión en sus bandas. Una mano en llamas saliendo de un caracol azul, como de agua. Su nombre y el año: Dalí, 1954.

Los bocetos y la maqueta de la falla se pudieron ver en el Reial Cercle Artístic de Barcelona, en 2009. La insignia se puede comprar hoy día en una web para coleccionistas por 180 euros.

UN ELEFANTE DE DALÍ EN VALENCIA

Quién sabe si para compensar su “fracaso” fallero, años después, en 1971, el genio ampurdanés decidió regalar un elefante africano al zoo de Valencia. Noi, que así se llamaba el elefante, fue un presente que la compañía Air India envió a Dalí, después de que éste les contara a los directivos de la aerolínea que sentía fascinación por Aníbal, el general cartaginés que cruzó los Pirineos a lomos de un elefante. Desde Figueres, Noi viajó a Valencia y habitó el zoo de la ciudad hasta que murió de un cólico, en 1975.

¿Consiguió el nombre de Dalí atraer a más turistas a Valencia o hacer la fiesta fallera más internacional? Es difícil de corroborar… Seguramente, la UNESCO, sí lo logrará.

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