El sorprendente origen de algunas expresiones de Valencia que no deberíamos dejar de usar

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La expresión estar en la luna de Valencia para describir a alguien que anda despistado, nos llega, según la leyenda, de siglos atrás, cuando la ciudad tenía puertas y murallas. Entonces, al anochecer, toda la ciudad se cerraba, cual casa, y a quienes se les iba el santo al cielo, aquellos que no llegaban a tiempo para entrar, se veían obligados a pasar la noche al raso, bajo la luna de Valencia.

Quedarse a la luna de Valencia, también indica hoy en día, no conseguir algo esperado, quedarse cerca de cumplir un objetivo.

Valencia se adueñó de la luna y, estas frases hechas, se extendieron mucho más allá de las murallas y las torres de la ciudad y más allá del tiempo en que estas perduraron.

No son las únicas. La historia nos ha dejado en Valencia otras expresiones que seguimos usando, en valenciano, aunque a veces no sepamos bien ni cómo llegaron hasta nosotros:

Ser més llarg que l’obra de la Seu
La construcción de la Seu (la Catedral de Valencia) fue tan larga que observarla hoy en día nos permite recorrer los estilos que se sucedieron a lo largo de los siglos en el arte y la arquitectura. Desde la portada románica de l’Almoina, del 1240, hasta la barroca puerta de los Hierros, acabada en 1713, pasando por el gótico de la puerta de los Apóstoles y la galería renacentista de la llamada Obra Nova. Cinco siglos de construcción que hacen que los valencianos, cuando algo nos parece que no va a acabar nunca, exclamemos que el hecho en cuestión es “més llarg que l’obra de la Seu” (más largo que la obra de la Catedral).

Quan el mal ve d’Almansa, a tots alcança
Esta frase hecha es un legado de la Guerra de Sucesión. En 1707, en la batalla de Almansa, las tropas del rey Felipe V derrotaron a las del archiduque Carlos de Austria, lo que supuso la abolición de los fueros del Reino de Valencia y su incorporación a Castilla. Recordando aquella derrota, ha perdurado hasta nuestros días la frase que avisa de que cuando el mal viene de Almansa, a todos alcanza.

Acabar com el ball de torrent
El ball de Torrent es una coreografía antigua (parece ser que del siglo XVI) que se reservaba para las grandes celebraciones en dicha localidad del sur de Valencia. En ella, de forma carnavalesca, se representaba la visita de un virrey y su esposa a Torrent. El pueblo, convocado para divertir a los señores, bailando y danzando, aprovechaba para criticarles y ridiculizarles con bromas y agravios. El final del baile, acababa en pelea, claro está. De ahí que cuando algo tiene un mal final, aún se diga que acabó como el ball de Torrent.

No parar en torreta
Esta frase, que usamos los valencianos para definir a una persona inquieta, que siempre está haciendo cosas o que sale mucho, viene de la tradición de la colombicultura (cría de palomas) muy arraigada en Valencia ya desde la Edad Media. En aquel entonces la palomas eran utilizadas como medio de comunicación y aquellas que más volaban, las que no paraban a descansar en ninguna “torreta” eran las más valiosas. Así que parece ser que es positivo que de alguien digan que “no para en torreta”.

Açò pareix la Banda l’Empastre
La Banda l’Empastre fue una banda de música fundada en 1915 en la localidad de Catarroja que solía actuar junto a artistas de toreo cómico. En los años 60 adquirieron mucha fama sus números en los que, disfrazados, mezclaban música popular y óperas fingiendo no seguir las órdenes del director. El des-concierto era tal que todavía hoy cuando una situación es caótica, alguien suele equipararla a la que creaba dicha Banda lanzando la expresión “Esto parece la Banda l’Empastre”.

Ser més roí que el moro Mussa / Que vindrà el moro Mussa / Conta-li-ho al Moro Mussa / – Qui és? – El moro Mussa!
El moro Mussa aparece en varias expresiones valencianas, para definir a alguien muy malo, para amenazar a los niños pequeños cuando no se portan bien y en otras cuantas frases.  ¿Pero quién es este Mussa? Parece ser que su nombre completo era Musa ibn Nusair, gobernador musulmán del norte de África quien hacia el 711 dirigió la ocupación de la Península Ibérica. Su fama debió ser grande para perdurar en la memoria colectiva 1300 años después.

Ser la delicà de Gandia
Cuando le decimos a una persona que es o parece la delicà (delicada) de Gandía, la estamos llamando tiquismiquis, puntillosa, blandengue. La leyenda dice que la “delicada” de Gandía fue una joven que, allá por el 1400, se murió al caerle encima una flor de jazmín. De ahí lo de delicada, claro. Pero la historia tiene una segunda parte…  y es que la flor de jazmín pesaba en realidad varios quilos, pues era una de las flores de piedra de la fachada de la Colegiata de Gandía, que se desprendió. Aunque parece que la joven, tan delicada no era, la frase y la leyenda perviven aún.

Desde la luna de Valencia hasta la delicà de Gandía, estas expresiones nos muestran cómo el lenguaje más coloquial nos remite a veces a nuestro pasado, incluso al más lejano, y cómo algunas historias del pasado perviven en nuestro presente sin que a veces nos demos ni cuenta.

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