10 experiencias inolvidables para volverse adicto a las Fallas (o acabar harto de ellas)

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En Valencia las Fallas despiertan los más fervorosos amores y los más enconados odios.

Hay quien espera como agua de mayo (o marzo) la llegada de la fiesta fallera para disfrutarla al máximo y hay quien huye de la ciudad o se encierra en casa, cual búnker acorazado, con varios libros o todas las temporadas de Juego de Tronos. Estos últimos especímenes aprovechan para hacer acopio de provisiones mientras media Valencia está en la plantà y no se les vuelve a ver el pelo hasta el 20 de marzo.

A ellos les dedicamos nuestros 10  mandamientos para aprender a amar las fallas, aunque seguro que todavía no han conseguido entender por qué durante casi un mes, Valencia se vuelve loca.

Esta vez les aconsejamos seguir la máxima “si no puedes con ellos, únete a ellos” y les proponemos 10 experiencias de lo más falleras tras las cuales, o bien se convertirán y adorarán las fiestas, o por lo menos, podrán decir que las odian a muerte con conocimiento de causa.

1 / Para inaugurar esta gyncana fallera, qué mejor que subir al balcón del Ayuntamiento (ahora que por fin se puede) y gritar eso de: “Senyor pirotècnic, pot començar la mascletà!!”. Y si nos animamos con lo de dar discursos desde un balcón siempre podemos seguir con el “Como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación…”, un “¡Oh, Romeo, Romeo! ¿por qué eres tú, Romeo?” o incluso el “vos anime a que dejeu passar el fred del verano, el fred de l’hivern i busquem el caloret, el caloret faller!”

2 / Una vez imbuidos del espíritu fallero, podemos volver a bajar a la calle y ofrecernos voluntarios, en alguna falla pequeña, para ayudar en la plantà. Algunas de ellas aún levantan el ninot principal de la falla al tombe, como se hacía antiguamente. Es decir, sólo con la ayuda de cuerdas y las manos de cuantas más personas mejor. Las nuestras no sobrarán.

3 / Resumiremos la experiencia de “ir a ver fallas” dirigiéndonos a la falla ganadora de sección especial (sea cual sea). A paso de penitentes en procesión, la rodearemos entera, esperando pacientemente nuestro turno tras la muchedumbre que se agolpa alrededor de su perímetro y aprovecharemos la espera para leer todos los carteles explicativos del monumento fallero. Así entenderemos de dónde viene la expresión “fer l’explicació de la falla” que los valencianos decimos para advertir de que vamos a soltar un buen rollo.

4 / Hecha la visita oficial a una de las fallas clásicas, nos lanzaremos a recorrer las llamadas alternativas, esas fallas más bien modestas, pero que dejan a un lado los ninots de políticos, famosos y mujeres con los pechos al aire para apostar por la creatividad y la experimentación. Las fallas de la calle Corona, Lepanto-Guillem de Castro, Plaça de Jesús o Castielfabib-Marqués de Sant Joan, son algunas de las más innovadoras.

5 / Las fallas no se entienden sin el ruido incesante de los petardos así que intentaremos aprender a diferenciar entre una “bombeta”, un “masclet”, un “chino” y una “salida” antes de vivir la experiencia de la despertà. Durante cuatro días, molestar a la gente provocando un ruido infernal a las siete de la mañana, en Valencia está permitido (!!) así que, ¿porqué no aprovechar para urdir nuestra pequeña venganza contra ese vecino de arriba que nos tiene hasta el moño (fallero)?

6 / Y una vez convertidos en maestros pirotécnicos, podemos dirigirnos a la Nit del Foc. Cuello en alto, disfrutaremos de los fuegos artificiales junto al río, para luego ejercer el papel de críticos expertos lanzando comentarios como “le ha faltado algo de ritmo”, “el final del año pasado fue más apoteósico” o “yo es que soy más de mascletá”.

7 / La ofrenda tiene dos caras. La cara seria empieza cuando los falleros y falleras junto a las bandas de música llegan a la calle La Paz o a la Calle San Vicente y se disponen a entrar a la plaza de la Virgen a entregar sus ramos de claveles. Para vivir la ofrenda más divertida hay que quedarse en la zona de la calle Colón o Guillem de Castro. Allí l@s faller@s y l@s músicos esperan su turno en el desfile dando rienda suelta a su lado más gamberro. Se canta y se baila (desde Paquito el Chocolatero hasta La Bicicleta de Shakira) en plena calle y la tarde de la ofrenda se convierte en una auténtica fiesta.

8 / No hay experiencia fallera completa que no incluya una noche en vela de verbena en verbena. Es el momento de intuir cuáles serán las canciones del verano que vendrá y recordar las de los que ya se fueron. Es el momento de apreciar que las noches ya son más cálidas y que el invierno se acaba. Y sobre todo, es el momento de intentar a toda costa hacer amistad con algún fallero o fallera con cargo que nos invite a ver la cremà en primera fila, o balcón.

9 / Desayunar chocolate con buñuelos justo antes de irnos a la cama es un imprescindible. Pero no sirve cualquier fritanga callejera ni cualquier buñuelo. Mejor prever un itinerario verbenero que nos deje en la Horchatería de la plaza Doctor Collado, por ejemplo, y deleitarnos con sus buñuelos de viento, de calabaza, de higos…

10 / La cremà es el punto y final. El fuego se lleva los monumentos, la música, los petardos, la Valencia para los peatones y el todo vale (aunque algo de esto último siempre pervive en la ciudad). Esa amistad que hicimos en la noche verbenera nos invitará a ver arder su falla.

Si el calor del fuego nos quema las mejillas, si nos obliga a dar dos pasos hacia atrás, si desde donde estamos podemos ver bien las lágrimas de los falleros y falleras, los ojos fijos en las cenizas y la mirada perdida, eso querrá decir que la amistad es sincera y entonces podremos decidir. O le pedimos un blusón y la insignia de la falla y nos convertimos en uno más o aprovechamos la excusa del calor para ir alejándonos y desaparecer para siempre, cual ninot en llamas.

 

 

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