Diez esculturas que hacen de Valencia un gran museo al aire libre

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Paseando la ciudad nos cruzamos día a día con muchas esculturas. Son obras de arte a las que no solemos prestar atención. Forman parte de nuestro paisaje habitual y la mirada se nos vuelve algo menos atenta ante la normalidad.

Cuando buscamos arte solemos entrar en un museo, sin darnos cuenta de que el arte y los artistas, muchas veces, nos salen al paso. Si sabemos verlos.

Con el desarrollo urbanístico de mediados del siglo XIX, jardines, avenidas y plazas se llenaron de esculturas. Pero éstas, muchas veces perdían protagonismo entre el resto de mobiliario urbano. Con el nacimiento de las rotondas, las esculturas ganaron en volumen y en visibilidad. Pero seguimos viéndolas a toda prisa, casi siempre, desde el interior de un coche.

Éstas son sólo diez de las esculturas de Valencia ante las que detener nuestra mirada:

1. ESTATUA DE LUÍS VIVES de José Aixa
Desde 1880, en el centro del patio de La Nau, la antigua Universidad, Luís Vives mira con severidad a cuantos estudiantes y paseantes osen elevar la vista, a la vez que muestra su mano extendida. Obra de José Aixa, la escultura fue fundida en bronce de una sola pieza por Vicente Ríos. Toda una proeza para la época.

2. MONUMENTO AL MARQUÉS DE CAMPO de Mariano Benlliure
Para ver algunas de las obras del prestigioso escultor valenciano Mariano Benlliure, tampoco hace falta ir al museo. Mejor darse una vuelta por el cementerio y admirar el panteón de la familia Moroder o detenerse ante el Monumento al Marqués de Campo en la plaza de Cánovas del Castillo. En palabras del mismo Benlliure, este conjunto “simboliza los adelantos más salientes y mejoras que se realizaron en la ciudad durante la vida del Marqués”. Y estos fueron el gas, el puerto y el ferrocarril, presentes en la escultura junto a La Caridad, una virtud que Benlliure también atribuía al que fuera alcalde de Valencia.

3. MONUMENTO A IGNACIO PINAZO de Ignacio Pinazo Martínez
Pinazo, el pintor al que Valencia intenta recuperar después de años de olvido a la sombra de Sorolla, tiene una estatua en la ciudad. Está situada en el pequeño jardín que hace esquina en la Puerta de la Mar con la calle Colón y es obra de su hijo, el escultor Ignacio Pinazo Martínez.

4. ESCULTURA A VICENTE DOMÉNECH, “EL PALLETER” de Emilio Calandín
Vicente Doménech era un anónimo vendedor de cañas impregnadas en azufre, utilizadas en la época para encender la lumbre, hasta que en plena contienda bélica contra los franceses y en un arranque de heroísmo, enarboló su faja a modo de bandera y le declaró la guerra él sólo al mismo Napoleón. El escultor Emilio Calandín congeló ese momento en forma de escultura. El bronce con el que está hecha procede de material bélico y se ubica junto a las Torres de Quart, también marcadas por las secuelas de aquella contienda.

5. CHARLOTTE VON STEIN de Andreu Alfaro
En el recinto de la Estación del Norte, recibe a los viajeros la silueta de Charlotte Von Stein, aunque casi ninguno de ellos lo note. Stein era una mujer casada de la que Goethe, el gran poeta alemán, estaba enamorado. El escultor Andreu Alfaro (gran admirador de Goethe) reduce su silueta a unas formas curvas que se elevan hacia el cielo. Quizás fueran para él, metáfora del amor.

6. SEQÜÈNCIA (SECUENCIA) de Manuel Boix
Medio escondidas, en el bajo del edificio Bankia de la calle Pintor Sorolla, cuatro manos componen la escultura de Manuel Boix, Secuencia. No son unas manos cualquiera, los nudillos están protegidos por cintas y sujetan una pelota. Esta escultura es un sereno homenaje a la Pelota Valenciana.

7. DAMA IBÉRICA, de Manolo Valdés
Sus dieciocho metros de altura y su intenso color azul cobalto hacen que sea imposible apartar la vista de esta monumental escultura de Manolo Valdés en la Avinguda de les Corts Valencianes. A falta de la Dama de Elche original, Valencia se regaló una Dama Ibérica más grande y más azul. La velocidad con la que rodeamos la rotonda donde se ubica nos impide apreciar que la gran dama ibérica está hecha de 22.000 pequeñas damas azules.

8. FUENTE PÚBLICA, de Miquel Navarro
Es de las esculturas más populares de Valencia, pero nadie la reconoce por este nombre.
Para los valencianos es La Pantera Rosa, y aunque su estructura sigue recordando a la silueta del famoso dibujo animado, el color que le dio nombre luce cada vez más blanco. Es en realidad una fuente y se alza en la intersección de las avenidas Ausiàs March y Peris i Valero. Quizá para evitar más cambios de nombre, Navarro ya bautizó a su siguiente escultura para Valencia (con forma de libélula) con un apelativo, El Parotet (libélula en valenciano).

9. MONUMENTO A VICENTE BLASCO IBÁÑEZ, de Nassio Bayarri
Blasco Ibáñez, el escritor valenciano más reconocido, tiene en la ciudad pocos elementos que nos recuerden su nombre. A penas un museo, una avenida, una escultura… Esta última se sitúa en la plaza dels porxets, junto al mercado Central, pues como recuerda el busto con el original estilo de Nassio Bayarri, Blasco Ibáñez era hijo de comerciantes.

10. HOMENAJE AL LIBRO de Juan Garcia Ripollés
El peculiar estilo de Ripollés, no sólo a la hora de esculpir sino de vestir, incluso de vivir, no deja indiferente a nadie. A pesar de su fama internacional, en Valencia sólo tiene una escultura, Homenaje al Libro, que se alza en la rotonda de la calle Eduardo Boscá. Genio o loco, cada cual que observe y que decida.

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