Así creó Valencia la coca de llanda, la merienda perfecta

Coca de llanda de Valencia

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Merendar es un verbo hermoso y complejo. Define una acción –comer-, una manera de realizarla –de forma ligera- y un tiempo concreto en el que llevarla a cabo -a media tarde. Casi nada.

Merendar implica una forma particular de relacionarse con la comida, un acto que ilustra un ritmo de vida determinado.

Se puede merendar en valenciano, en portugués, en italiano… Y la culpa la tienen los romanos, que nos dejaron el verbo y la costumbre.

Los ingleses en cambio, no meriendan, they have a snack. La diferencia es que un snack lo puedes tomar a cualquier hora, como un tentempié cualquiera.

La merienda, sin embargo, no se puede comer como y cuando nos da la gana.

¿Tendrá la merienda la clave que explica la idiosincrasia de los pueblos mediterráneos?

No hace falta exagerar –pero quizá sí era necesaria toda esta introducción- para concluir que nuestra humilde merienda es algo serio.

La madre de todos los bizcochos…

Y entonces… ¿qué se aportó desde Valencia para engrandecer esta costumbre que marca nuestra identidad mediterránea de forma indeleble?

La “coca de llanda”.

En un molde de lata, los valencianos juntaron de forma magistral algunos de los mejores ingredientes que tenían a mano: huevos, aceite, harina, azúcar, leche, ralladura de limón y gaseosas.

Así, sin florituras y con 30 minutos de horno, crearon -o le dieron nombre- a la madre de todos los bizcochos.

Quizá no sea la obra de repostería más compleja, pero seguro que es una de las más democráticas y de las más adecuadas para tiempos de crisis.

La coca de llanda alcanza la perfección si se la acompaña de una de esas barritas de chocolate de textura crujiente que –quizá- fueron hechas para satisfacer las necesidades de una buena merienda y encajar en los huecos libres del mostrador de un horno.

El resultado de esta combinación es nuestra magdalena de Proust, con permiso de los Bollicaos y los Phoskitos*, un doble bocado capaz de transportarnos al tiempo en que volver a casa caminando después de salir del colegio, poco después de las cinco de la tarde, era un placer inconsciente y cotidiano.

*Meriendas forasteras más sofisticadas y menos saludables que intentaron disputarle sin éxito la supremacía a la coca de llanda mediante agresivas campañas de márketing que consistían en regalar cromos coleccionables.

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