La singular capilla de Valencia donde intentar aprender por ciencia infusa

La Nau, Valencia

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Sentarse, relajarse, dejar la mente en blanco y, como por arte de magia, aprender, sentir que el cerebro se va llenando de conocimientos. Por ciencia infusa.

La Capilla de la Sabiduría de La Nau, la sede histórica de la Universitat de València, es quizá el lugar idóneo para intentar que se realice el deseo del estudiante perezoso.

Y si –como es probable- no se cumple, el que haya paseado por su nave barroca se irá al menos habiendo aprendido alguna cosa. Quizá no sea el milagro esperado, pero algo es algo.

Si ese hipotético estudiante perezoso observa con atención, en esta capilla podrá admirar obras de arte de maestros valencianos como la Virgen de la Sabiduría, del pintor del siglo XVI Nicolau Falcó, o la escultura de San Bruno, obra de Ignasi Vergara, autor también del conjunto escultórico de la fachada del palacio del Marqués de Dos Aguas.

Y si escucha atentamente, quizá oiga los ecos de las viejas voces de los catedráticos y estudiantes que solían debatir cada sábado en este lugar sobre las más diversas cuestiones académicas: medicina, filosofía, religión…

Esos debates, llamados sabatinas –y que ya no se celebran-, eran de asistencia obligatoria para los profesores y estaban abiertos a los ciudadanos, que podían así ver el nivel de los docentes de la institución que sufragaban con sus impuestos.Capilla de la Sapiencia, Valencia

La Capilla de la Sapiencia que vemos hoy no es la original, construida por Pere Compte en 1498, sino una reconstrucción completa de Miquel Martínez que data de 1737. Pero bien vale la pena visitarla.

Y tras haber fracasado con la ciencia infusa, quien se acerque a La Nau puede aprovechar para ver alguna exposición, tomarse un café o dar un paseo por el claustro presidido por el humanista valenciano Luis Vives, que fue alumno de la institución y exiliado ilustre.

También es recomendable perderse por los alrededores de la vieja Universidad Literaria, por donde deambularon estudiantes y profesores durante más de 500 años y explorar alguna de las librerías de viejo que aún perduran.

El único riesgo es que, después de todo, el estudiante perezoso no quiera marcharse de estas calles con nombres que invitan a quedarse y disfrutar del tiempo en ellas: Comedias, Tertulia, Vestuarios, Paz…

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