¿Qué hizo Valencia con el manicomio más antiguo de Europa?

Hospital General. Sala-de-bressols,-1927

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A veces los nombres de las calles nos pueden confundir, o ayudarnos a entender el pasado. Si buscamos una institución médica en los aledaños de la calle Hospital y Torno del Hospital, no la encontraremos. El gran edificio que se alza allí no acoge enfermos sino novelas, cuentos, comics, ensayos, biografías… y lectores.

La Biblioteca Pública de Valencia, que en origen se ubicaba en la Casa Vestuario de la plaza de la Virgen, se trasladó en 1979 a este emplazamiento que sólo unas décadas antes era ese hospital general del que ahora sólo quedan un par de nombres en el callejero de la ciudad y cuyo origen se remonta a muchos siglos antes.

En la Edad Media, en Valencia había numerosos hospitales para el cuidado de pobres y enfermos, para atender a los peregrinos, a los leprosos, para huérfanos, pero fue en el año 1409 cuando un padre mercedario, llamado Joan Gilabert Jofrè, se dio cuenta de que los locos y furiosos que vagaban por la ciudad estaban completamente desatendidos.

Él mismo tuvo que salir en defensa de un pobre demente al que un grupo de niños apedreaba sin piedad. Tras este incidente, dio un sermón sobre la precaria situación en que se encontraban los enfermos mentales en Valencia y mucho tuvo que impactar su prédica porque al poco tiempo se presentaron varios mercaderes de la ciudad ofreciéndose a financiar una institución que los acogiera.

El primer manicomio

Sólo un año después de este hecho, el rey Martín I el Humano y el papa Benedicto XIII autorizaban la construcción de este nuevo “Hospital de Ignoscents, Folls e Orats”, que había de tener también capilla y cementerio. Así nacería el primer manicomio de Europa. Junto a las murallas de Valencia.

Mantener un hospital a base de limosnas y donaciones no era sencillo. Para ello se creó la Cofradía de “Nostra Dona Sancta María dels Ignoscents”, que además de gestionar el hospital y prestar ayuda a los desequilibrados, tenía por misión acompañar a los reos al cadalso y enterrar después sus cadáveres, así como los de los desconocidos, socorrer a las prostitutas de la pobla de les fembres pecadrius y recoger a los recién nacidos que eran abandonados en el torno que aún da nombre a la calle frente a la que se encontraba.

Con el tiempo, la Cofradía fue ampliando el Hospital, construyendo un edificio con planta de cruz griega, dos pisos y un crucero octogonal que permitía dividir a los internos según el sexo (mujeres en la planta baja y hombres en la de arriba) y sus diferentes enfermedades, además de controlar todas las salas a la vez desde el espacio central.

En 1545 un gran incendio acaba con el edificio. Sólo se salva la portada gótica que aún permanece junto a la entrada de la calle Hospital. En su reconstrucción, y por el claro peligro que suponían, los techos de madera se substituyeron por bóvedas de ladrillo y las salas se llenaron de recias columnas. Más de cien por planta.

El Hospital llegó a contar con dos edificios de enfermerías, la Iglesia, El Capitulet (la capilla donde se ubicaba la imagen de la Virgen de los Desamparados), la farmacia, un huerto y la Facultad de Medicina.

El ninot indultat

Todo un complejo que durante varios siglos ofreció asistencia médica gratuita a los valencianos pues pasó de ser manicomio a albergar el Hospital General de la ciudad. Hasta que en 1962 se construyó un nuevo edificio en la Avenida del Cid.

Las viejas enfermerías de la calle Hospital quedaron entonces abandonadas y, como era habitual en Valencia, antes de buscarles un nuevo uso se optó por su demolición. La Facultad de Medicina se echó abajo y se construyó una nueva en la Avenida Blasco Ibáñez. Eso sí, la portada se quedó como recuerdo (otro ninot indultat de la ciudad). La iglesia y el segundo de los edificios también se destruyeron.

Lo que nos queda hoy se salvó gracias a una declaración in extremis del hospital como Monumento Histórico Artístico Nacional.

Algunos de los restos de la demolición forman parte del “conjunto arqueológico” de los jardines que rodean la ahora biblioteca. Las robustas columnas se repartieron por la ciudad. Una de ellas, está en la plaza de Manises, otra es el pedestal sobre el que se alza la imagen de la virgen junto al puente de San José.

Por suerte, aún podemos deambular por las salas del edificio más antiguo. Entre las columnas andan ahora estudiantes, jubilados, locos por la lectura o yonquis del wifi. La terapia que se ofrece es la de salir a la búsqueda de un buen libro en papel, o lo que es mejor, dejar que ese libro nos encuentre a nosotros y nos acompañe durante un tiempo.

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